María Lionza y la vida después de la muerte

      Los espiritistas creen que su fe demuestra indiscutiblemente la existencia de una vida después de la muerte. Aseguran que en las sesiones del culto los espíritus mueven mesas pesadas, tocan instrumentos musicales, hacen curaciones, parientes fallecidos y amigos hablan con sus propias voces, en fin, fenómenos que para ellos demuestran no sólo la existencia del “más allá”, sino la persistencia de los muertos en la vida de los vivos.

 

     Para los creyentes una de las evidencias más fuertes de la vida después de la muerte es el fenómeno de la mediumnidad. Es decir, la capacidad de algunas personas para actuar como canal o medio de comunicación de los espíritus o personas fallecidas. En el espiritismo marialioncero el médium o “materia”, como también es conocido, no sólo representa la prueba de que este comunica con muertos del “más allá”, sino que éstos “bajan” dotados de poderes para curar a los creyentes de cualquier enfermedad, por maligna que sea. 

     En el culto a María Lionza, la muerte no representa el fin, como en el imaginario de otras religiones. Se cree en la inmortalidad de los espíritus, por ende, en la posibilidad de comunicarse con ellos a través de alguien (materia). Se cree en un más allá donde van los seres desencarnados y donde se alcanzan distintos niveles, bien sea para “reencarnar” y regresar a la vida o para continuar en la morada de los muertos. 

      Para los marialionceros, cada individuo es un ser particular y único, una vez nacido el hombre se transmuta, pero no muere. Cuando la “muerte aparente” afecta al cuerpo, y cuya descomposición material y visible nadie duda, es enterrado y su espíritu va al más allá o a la morada de los espíritus de los muertos que por cierto “no está muy lejos de la tierra”. Para la mayoría de los espiritistas entrevistados, los espíritus habitan cerca de los vivos, viven en montañas, en los mares y hasta en nuestras casas. Se dice que el “más allá” en el culto a María Lionza, no es un mundo lejano como otras religiones lo representan, es un mundo del que podría decirse que los vivos comparten con los mismos muertos. El más allá marialioncero más que una creencia es una “realidad” para sus adeptos; en sus vidas cotidianas las visitas de los muertos son una constante y los espíritus forman parte primordial del ritual. Uno de los informantes dice lo siguiente: “en el más allá se encuentran todas las ‘animas’ de los muertos, las cuales reencarnan en nosotros de manera momentánea para sanar al creyente”.

 

   El más allá no sólo representa la morada de los muertos, es un mundo donde se vive un proceso de evolución, en el cual se pasa de un plano a otro, es un sitio de prueba, cada hombre cuando muere, termina su ciclo material y comienza el espiritual. Una espiritista nos dice: Dios nos manda a la tierra al pasar, es un estudio, llegamos con misiones, morir es nacer donde Dios nos quiera colocar. Si alguien nos quita la vida sin haber cumplido la misión, volvemos a nacer en otro cuerpo, para cumplir la misión, cuantas veces sea necesario.

      Con este fragmento se corrobora que en el espiritismo marialioncero la muerte no es el fin, es sólo la muerte de la carne, no del espíritu, los espíritus de los muertos vuelven a la tierra, bien sea como “reencarnados” o “espíritus no-reencarnados” (espíritus terrenales) que pueden vivir en otros planos espirituales, convirtiéndose en espíritus de “luz”. Un informante dice:  Estos espíritus terrenales habitan en las montanas, en el fuego y en las aguas; nadie muere y mi experiencia con los espíritus me han confirmado esta idea, aunque nuestro cuerpo no esté presente, existe el alma (ánima) que se convierte en positiva, pues, no está pegada al negativismo de la tierra. El más allá, también, es conocido en el culto a María Lionza como “Dimensión o Dimensiones”. El muerto inmediatamente después de que “su cuerpo o cajón” es sepultado, el espíritu sale y parte a las dimensiones. Una informante aclara: En el culto a María Lionza después de la muerte no existe sólo una dimensión en la que podemos movernos, también el universo está compuesto de miles de dimensiones en las que se mueven entidades espirituales. Entonces, podemos decir que existe un sitio en el que van los seres desencarnados, aunque no siempre sea el mismo para todos.

    Los marialionceros piensan que todos los hombres existentes sobre la tierra pasan por tales dimensiones después de fallecidos. Los espíritus que generalmente quedan con “aliento” o vida, evolucionan en las “dimensiones” y además se piensa que estos “reencarnarán” regresando a la tierra en un nuevo “cajón”.

     Miles de adeptos dan fe de la existencia de la vida después de la muerte, o mejor dicho de la “reencarnación” como ciclo siguiente, después de la vida. Testimonios de individuos que dicen tener conocimiento experimental de facetas del más allá o testimonios de individuos que supuestamente tienen entendimiento especial del más allá, fueron encontrados en muchos de los centros espiritistas visitados en la ciudad de Mérida y San Juan de Lagunillas. 

     No sólo en el culto a María Lionza se sostiene la noción de la “reencarnación”, igualmente, está presente en otras culturas, como las religiones asiáticas, y en otras formas de espiritismo de África, en el espiritismo Kardeciano, entre otros. Sin embargo, podría pensarse que esta idea de “reencarnación”, sostenida por los espiritistas marialionceros, viene de una creencia muy antigua o del mismo sincretismo que formó esta religión. Y es que la idea del “renacimiento” nunca ha desaparecido del todo, ni siquiera en nuestra cultura occidental, donde el cristianismo ortodoxo la ha rechazado desde hace casi dos milenios, favoreciendo la enseñanza de que el destino eterno del hombre viene determinado por una sola vida terrenal.

    La fe en la reencarnación o en la vida después de la muerte, así como también la supervivencia del espíritu y la idea de que los muertos continúan presentes entre los vivos, se siente con fervor en los centros espiritistas visitados.

    Para los informantes la prueba más eficaz es la mediumnidad. A través del médium, los espíritus pueden ser reconocidos por la voz, el gesto, o la naturaleza de la información secreta que transmiten a uno de los presentes en la sesión de espiritismo. Tales espíritus, así llamados, pueden parecer poco convincentes, aunque también debe decirse que quienes quieran creer en ellos creerán igualmente. Sin embargo, estas personas sensitivas poseen a menudo sorprendentes dotes de “videncia”, “claravidencia” y otras cualidades de percepciones “extrasensoriales”, que según los adeptos no se deben negar.

      Normalmente, el médium oye la voz del espíritu o recibe sus mensajes por telepatía y éste los traduce como si de un intérprete se tratara. Asimismo, el médium puede ver el cuerpo del espíritu que se presenta durante su trance pudiendo llegar a describirlo con todo detalle. El espíritu habla a través del médium utilizando la voz de éste, pero nunca coincide con su propio timbre de voz ni siquiera con su lenguaje o forma de expresión, gestos, etc., sino con los de la persona difunta que se está manifestando a través de él.

      Cabe destacar que las comunicaciones hechas por estos medios, y particularmente a través de la escritura, varían mucho. Son en diversas lenguas, y a veces en lenguas desconocidas por todos los asistentes. Entre esas manifestaciones, unas hay groseras, otras frívolas, otras serias y otras instructivas. Y la causa sería que, según la espiritista Ramona Puentes, los espíritus que se manifiestan son unos buenos, otros malos y otros indiferentes; y hasta sucede, no raras veces, dicen ellos, que un espíritu mentiroso o grosero venga a intercalar sus comunicaciones en medio de las de un espíritu bueno.

     Además, “las materias” deben prepararse bien para recibir los espíritus, ya que independientemente de que sean “espíritus de luz” o los llamados “oscuros o atrasados” pueden hacer daño a los médium produciéndoles “quemaduras o daños físicos”.

     Los espíritus que se manifiestan se dan a veces por una persona querida que los presentes han visto morir, toman su carácter de letra y su lenguaje, y muestran hallarse al corriente de lo que dicha persona ha hecho en vida. Se comprende que comunicaciones por el estilo han debido atraer un gran número de adeptos al espiritismo marialioncero.

Fuente: Nadeska Peña. "Concepción de la Muerte en el Culto de María Lionza" (ensayo etnográfico). primera edición 2011, Universidad de los Andes, Edo. Tachira, Venezuela.

 

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