Faustino Parra: en vida fue un mito en muerte una leyenda.

      Faustino Parra, nació en las Pavas, Guama, Estado Yaracuy, Venezuela; en el año 1858 durante la Guerra Federal y muere el 04 de Junio de 1904. Nunca conoció a su padre, su madre Casta Parra era muy humilde. Pasó su niñez en el fundo “La Moreña” de Don Rafael Moro, ubicado muy cerca de Guama, su progenitora, trabajaba en los oficios domésticos y como deshojadora de maíz durante la cosecha. Faustino ayudaba en los trabajos del campo para ganarse la comida y tuvo la oportunidad de conocer mucha gente del pueblo.

Su Vida

  Nunca asistió a la escuela porque se lo impedían los quehaceres del campo. Aprendió los números y las letras de una manera rudimentaria, su única maestra fue la propia vida. Faustino era un hombre alto, moreno, con rasgos indios, cuerpo bien definido y siempre vestía su liquilique blanco. También se dedicaba a cuidar las poblaciones y socorrer a los necesitados.

      Por su misma condición (hombre de guerra), nunca conformó un hogar, no se comprometió ni tuvo hijos. Pero a pesar de lo antes mencionado, andaba acompañado por 12 fieles hombres con los mismos ideales. Siempre andaba armado hasta los dientes, nunca dejaba la carabina que le regaló Don Eureano Lugo, quien la compró en un viaje que hizo a Curazao. Y por si acaso, llevaba consigo un revólver Smith & Wesson y un cuchillo de 18 pulgadas. Faustino Parra fue un rebelde, un “guerrillero” de su tiempo que abrazó con gran pasión el liberalismo.

 

      Luchó por los humildes y buscaba la redención de su gente, se identificó con los problemas populares y exigía víveres a los más poderosos para entregárselos a los necesitados. Como su vida, la muerte de este guerrillero está llena de misterios.

 

      Faustino Parra representa en el Yaracuy la universalidad del mito de Robin Hood, esto es, el bandido rural que ha sido empujado fuera de la ley por la injusticia y se ha erigido en héroe de los pobres, no tanto por la razón de que hace una redistribución de la riqueza le quita a los ricos para dar a los pobres sino porque golpea a los opresores de los campesinos, lo cual brinda a los oprimidos una gratificación psicológica. Pero, la leyenda no se queda solo allí, a Faustino Parra se le atribuyen cualidades sobrehumanas que infinidad de testigos juran haber constatado. La gente dice:  No. Es imposible matarlo. Él tiene la protección divina, y estoy seguro que por más que le disparemos, las balas no le van a entrar. Ustedes saben que el caporal Taylhardat le vació su revólver, por la espalda, a traición, como suelen hacer ellos, en esa familia y no hubo caso. Después Faustino, de un solo golpe de machete, lo abrió por la mitad y allí quedó tirado, con sus tripas flotando sobre un gran charco de sangre. A este respecto el mito nos cuenta que a Faustino Parra lo protegían, una cruz de palo santo y un morral bordado en oro que María Lionza le dio. También se comentaba que parecía conocer todos los secretos de sus oponentes, aparecía tan sorpresivamente, como se esfumaba de la misma manera, por lo demás, había adquirido un total dominio sobre la mente de sus adversarios: -con solo mirarnos nos paraliza. Más aún, no sabía leer ni escribir, pero era rápido en sus movimientos como un tordito de sabana, astuto como un zorro de gallinero y taimado como un caimán en boca de caño.

El mito de su muerte

    Las versiones sobre su muerte son muchas, una de ellas resalta que Adolfo Blasco fue quien avisó a la comisión de gobierno que Faustino Parra se encontraba durmiendo en la población las Pavas, oportunidad para que la comisión se trasladara hasta el lugar, donde lo asesinaron a machetazos dentro de la casa. Cuentan los pobladores que luego lo sacaron, corriente abajo por la quebrada el Hatico, donde lo descuartizaron y posteriormente dieron la novedad a las autoridades del pueblo, quienes lo trasladaron hasta el recién construido cementerio municipal. 

     Es muy poco lo que los hechos históricos nos informan acerca de Faustino Parra, nació en las inmediaciones del Cerro de las Pavas en 1858, una zona boscosa en el corazón del Yaracuy, con multitud de árboles, plantas ornamentales, orquídeas y flores propias de los bosques húmedos, con bandadas de pájaros que cruzan los cielos, son los predios de la Reina María Lionza. Tal vez allí la diosa nativa le regaló los dos amuletos que lo protegerían de por vida. El pueblo de Guama fue el escenario donde se movió con soltura y donde llevó a cabo sus más graves hechos de sangre y de robo a mano armada. Pero, si Faustino era invencible, su enemigo más encarnizado Adolfo Blasco, le andaba buscando la vuelta y en efecto, le preparó una emboscada ayudado por la traición. Con el personaje mítico yaracuyano ocurrió algo similar que con el héroe bíblico Sansón, a quién Dalila le cortó los cabellos, fuente de su extraordinaria fuerza, también a Faustino Parra una mujer le quitó su cruz de palo santo y su morral bordado en oro, mientras dormía con ella en una casa en Las Pavas, entonces una comisión del gobierno le entró a machetazos. Se cuenta que, aún desprovisto de sus amuletos, logró mal herido ponerse de pié y salió al patio para hacer frente a sus numerosos enemigos, murió al pie de un árbol, en desigual batalla, el 4 de julio de 1904, para esa fecha contaba 46 años.

 

     El árbol sobre cuyas raíces cayó Faustino Parra y se impregnó de su sangre, se convirtió en centro de peregrinación de la gente pobre. El gobernador militar del Yaracuy ordenó talarlo, reducirlo a astillas y quemar los restos. Se cuenta que solo produjo cenizas muy negras. A pesar de todo esto, el pueblo humilde no dejó nunca de asistir al lugar, entre otras cosas, para llevar como amuleto un poco de cenizas negras, las cuales se guardan todavía con un fervor casi religioso: no en vano, alguna vez, ese fue el árbol bajo cuya copa murió quien fue el héroe de los desamparados.


     A la sombra del árbol inexistente y a la saga de la leyenda, la figura de Faustino Parra se ha engrandecido en la imaginación colectiva y ha tomado dimensiones épicas: el escritor Rafael Zárraga, con fundamento en la tradición oral ha escrito su obra teatral Aquel Faustino Parra, así mismo el pintor Felipe Guevara realizó un afiche para la mencionada obra teatral, que se considera como un buen retrato del personaje y en muchos lugares se le utiliza para improvisar algún altar, igualmente el sociólogo Ramón Avendaño publicó un interesante libro intitulado Faustino Parra y su tiempo. Para terminar, así concluye Manuel Rodríguez Cárdenas su poema La gesta de Faustino Parra: 

 
     “Pero en una larga noche como quien quema un carbón al negro Faustino Parra lo mataron a traición. Así terminó Faustino el de la mala intención y al que solo le faltaba para su consagración un cantor que le cantara como le he cantado yo”. 

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Comentarios: 2
  • #1

    Antonio (jueves, 06 junio 2019 12:51)

    Gloria a Dios y honra a Don Faustino Parra

  • #2

    0sman (viernes, 28 junio 2019 21:13)

    megusta el espiritismo