El relato de José Gregorio de la Rivera parte I

     Hay dos versiones escritas del mito de José Gregorio de la Rivera basada primordialmente en la tradición oral merideña de comienzos del siglo XX. Hasta ahora son las fuentes más tardías que pueden consultarse acerca de este personaje. El primer texto es de Gabriel Picón Febres hijo (1921), titulado El crimen de Gregorio de la Rivera; el otro es de Titulo Febres Cordero (1923), publicado dos años después que el anterior, El alma de Gregorio Rivera. Este último es probablemente el más conocido y parece haber contribuido a la difusión de este personaje en el imaginario colectivo venezolano.

     Este artículo de Febres Cordero ha sido repetido por otros autores sin agregarle nada.  Así lo hizo Vicente Dávila en 1923 (Dávila 1955), quien probablemente lo conoció de manera inédita o por comunicación personal del autor. En 1999, el sacerdote  J. Fernández publica con aprobación eclesiástica un folleto que recoge la vida de tres muertos merideños y en él se incluye a Gregorio de la Rivera. También es un resumen  basado exclusivamente en el texto de Febres Cordero. A continuación presentaremos los relatos acerca de la vida y muerte de nuestro personaje.

     José Gregorio de la Rivera se casó con Doña Josefa Ramírez de la Parra. Eran parte de la élite colonial de la ciudad de Mérida, ambos con vinculaciones familiares y políticas en Tunja y Santa Fe de Bogotá. Luego de casarse, Gregorio de la Rivera se revela como un mal esposo; era bebedor, mujeriego, celoso y abusaba físicamente  de su mujer. Cuando la pareja peleaba, la esposa huía al  convento de las Clarisas dirigido por su hermana. Para configurar el cuadro trágico que se avecinaba, Rivera sospechaba que su mujer le era infiel con el capellán de aquel claustro. Por su parte, la versión de Internet ofrece una imagen más bien romántica de la relaciones entre estos dos personajes, menos parecida a un típico matrimonio colonial que a la de “romeo y Julieta”, en la que los novios luchaban por su amor contra la oposición de sus familias (…). Según la Versiones de nuestros escritores, lo problemas persistían y se complican hasta llegar a un punto culminante en la Semana Santa. Después de una de sus acostumbradas peleas, la mujer huye y se refugia en el convento.

    El esposo iracundo se presenta en la puerta del reciento religioso exigiendo que su mujer le sea devuelta y no tiene éxito en su empresa. Regresa a la mañana siguiente, el jueves Santo de 1739 armado y decidido a Llevarse a su mujer para que cumpliera con sus deberes conyugales. Toca la puerta principal del convento pero no es atendido. Sin repetir el llamado, escolarizado, se dirige hacia la casa del capellán de las Clarisas. Alli lo encuentra, lo asesina y huye del poblado. Febres Cordero (1923) describe el Asesinato:

 

    “El sacerdote se hallaba de espalda para la calle, sentado a la mesa Don Gregorio de la Rivera le dispara la carabina que llevaba prendida dejándola muerto en el acto” (p. 307)

    La versión de Internet, es distinta a las anteriores, suaviza la actualización del violento personaje. Está justificada por la relación de los enamorados y por la exigencia  posesiva y agresiva del esposo abandonado. La versión electrónica cuenta que el enamorado iracundo se dirige hacia el convento con intenciones de raptarla, las monjas, desesperadas, llaman al párroco para que interceda por la mujer de Rivera, lo cual parece lograr hasta la madrugada, que es cuando nuestros héroe se enfurece y dispara su pistola al clericó.

La muerte del condenado fue una espantosa agonía para Febres cordero fue la manifestación de una terrible agonía espiritual, un “feroz Combate intimo” al saberse condenado eternamente por su gran pecado. Ya moribundo, pidió fervientemente ayuda a la Virgen María para que le “Conmutara la pena eterna por pena temporal”. Su arrepentimiento fue tal que se lo concedió perdón, la gracia de hacerles favores a los vivos y de hacer aparecer las cosas perdidas. Sus milagros, según la tradición que se recoge Febres Cordero y Picón Febres, fueron publicadas primero en Santa Fe de Bogotá y luego se difundieron a Mérida.


Fuente: Franco, F. (2009 primera Edición). Muertos, fantasmas y héroes “El Culto a los muertos milagrosos en Venezuela”. Universidad de los Andes. Mérida, Venezuela.

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