La moral del espiritismo

  Los principios morales que promulga el espiritualismo se fundamenta en las enseñanzas morales legadas por el Maestro Jesús a la humanidad, ejemplificadas a través de su vida personal y de su comportamiento social.


     La moral espiritista retoma la moral cristiana en su más pura y profunda expresión, asumiéndola como el código moral por excelencia, de aplicación universal, apropiada para orientar la vida del hombre en todos los aspectos, desde su vida interior hasta la convivencia con el prójimo en todos los ámbitos. La moral espiritista se fundamenta así en la Ley de Justicia, amor y caridad.

    

     El espiritismo ofrece las pautas de conducta más adecuadas para el progreso y mejoramiento del hombre dentro de los parámetros de equidad, respeto, responsabilidad, fraternidad y caridad. Las enseñanzas y pautas de comportamiento que promulga la doctrina espiritista no tienen las características de una imposición férrea o de ciega aceptación, el espiritismo les presenta en su característica de enseñanzas sabias y superiores apropiadas para dirigir e impulsar nuestra evolución espiritual quedando su aplicación bajo la responsabilidad de cada persona, quien en virtud de la Ley de Causa y Efecto asumirá las consecuencias de su buen o mal comportamiento. Allan Kardec manifestaba que mediante el espiritismo la humanidad habría de entrar en una nueva fase, la del progreso moral. También expresaba que esta doctrina poseía un poder moralizador incalculable en razón de la finalidad que asigna a todas las acciones de la vida y de las consecuencias que nos demuestra respecto de la práctica del bien y del mal.

 

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