Síntomas de un Viaje Astral

Viaje o Proyección Astral

     Lo primero que sucede en un viaje astral consciente, es la separación del cuerpo astral. Cuando esto sucede, el cuerpo físico queda inerte, con la mirada perdida o los ojos cerrados, con unas constantes vitales muy bajas, pero en absoluto dormido.
     La concentración es necesaria, pero no indispensable. Y se puede tener conciencia, o no, de lo que sucede a nuestro alrededor físico mientras el cuerpo astral vuela por otros planos. La sensación vivida de la separación puede darse de formas diversas:

Una de ellas es la sensación de mareo.

    Otra una sensación de movimiento ondular, como el vaivén de las olas del mar.

     Otra más es la sensación de giro frenético, como si estuviéramos a bordo de una violenta atracción de parque de atracciones.

     Pero la más común es la sensación de elevación. Y esta elevación también puede darse de distintas formas:
- Sensación de ponernos de pie.
- Sensación de ponernos de cabeza.
- O sensación de elevación total, como si fuéramos un globo lleno de gas que comienza a elevarse.

     Las primeras impresiones del viaje astral son en relación con nuestro entorno y con nuestro propio cuerpo físico, al que podemos ver postrado, si estamos acostados, o sentado en flor de loto si practicamos una sesión yoguística. Precisamente la visión del propio cuerpo resulta bastante desconcertante para la mayoría de las personas que realizan un viaje astral sin tener una buena preparación.
     Y cuando se habla de una buena preparación no se refiero a esa serie de tonterías religiosas que alegan los "entendidos", sino a la capacidad intelectual que cada persona debe tener para entender diferentes fenómenos a los que puede enfrentarse a lo largo de la vida. 

     Una vez que el cuerpo astral se ha elevado lo suficiente como para poder ver el cuerpo físico y las estancias que le rodean, sobre todo en las primeras experiencias, es posible que se dedique a viajar por ciertas áreas del mundo físico con cierta prudencia. La viveza del viaje hace que veamos las cosas físicas tal y como las vemos habitualmente, es decir, claras y sólidas. Las puertas y las paredes, que el cuerpo astral puede atravesar sin el menor esfuerzo, nos atemorizan por su robusta apariencia. Después de dar un par de vueltas por nuestro entorno, el cuerpo astral suele dispararse, sin ningún control por nuestra parte, hacia otros planos.

 

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