A los espíritus arrepentidos

Espíritu arrepentido

     Seria ínjustos colocar en la categoría de los malos espíritus a los que sufren y, arrepentidos, piden oraciones; estos han podido ser malos, pero ya no lo son, desde el momento que reconocen sus faltas y sienten haberlas cometidos; solo son desdichados y algunos empiezan a gozar de una felicidad relativa.

 

     Oración: Dios de misericordia, que aceptáis el arrepentimiento sincero del pecador, encarnado o desencarnado, aquí tenéis un Espíritu que se ha complacido en el mal, pero que reconoce sus faltas y entra en el buen camino; dignaos, Dios mío, recibirle como un hijo prodigo, y perdonadle.

 

     Buenos espíritus cuya voz ha desconocido, de aquí en adelante quiere escucharnos; permitid que pueda entrever la felicidad de los elegidos del Señor, con el fin que persiste en el deseo de purificarse para conseguirla, sostenedle en sus buenas resoluciones y dadle fuerza para resistir sus malos instintos.

 

Espíritus de nombre (se dice el nombre) felicitamos por vuestra conversión, y damos gracias a los buenos espíritus que os han ayudado.

 

     Si antes os complacíais en el mal es porque no comprendéis cuan dulce es el goce de hacer el bien; os considerabais también demasiado bajo para poder conseguirlo; pero desde el instante en que habéis puesto el pie en el buen camino, una nueva luz ha brillado para vos; habéis empezado a disfrutar de una felicidad desconocida, y la esperanza ha entrado en vuestro corazón. Es que Dios escucha siempre la oración del pecador arrepentido y no rechaza a ninguno de los que viene con él.

 

     Para entrar completamente en la gracia del Señor, aplicaos, desde hoy en adelante, no solo a no hacer el mal, sino a hacer el bien, sobre todo a reparar el mal que habéis hecho; entonces habréis satisfecho a la justicia de Dios, cada buena acción borrará una de vuestras faltas pasadas.

 

     El primer paso está dado; cuanto más avanzareis, tanto más fácil y agradable os será el camino. Perseverad, pues, y un día tendréis la dicha de contaros entre los Espíritus buenos y felices.

Fuente: Allan Kardec

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