La Batalla de Macarapana

     En la batalla de Macarapana 300 soldados españoles dirigieron a 18 mil indígenas para que lucharan en contra sus compañeros de etnia, la batalla donde triunfó la traición". Concluyó Maduro.

     En 1562, Guaicaipuro unido a Terepaima enfrenta y mata al capitán Luis de Narváez. Con este punto a su favor llama a varios caciques quienes aceptan el pacto: Baruta, Naiguatá, Chacao, Aramaipuro, Guaicamacuto, Paramaconi, Terepaima y Chicuramay, durante muchos años esta alianza demostró a los españoles su poder, pero el valiente Guaicaipuro perdió su oportunidad en Macarapana, los jefes cansados de esperar a Guaicaipuro y confundidos fueron derrotados por el ejército conquistador, Guaicaipuro no se presentó. Dice la historia que una crecida en la quebrada le impidió llegar, Guaicaipuro se refugió en Suruapo, actualmente llamado pozo de Suruapo ubicado en San José de los Altos a 30 minutos de Caracas vía La Mariposa.

     El candidato oficialista dijo que:"18 mil indios se pusieron al servicio del imperio español” siendo considerado un acto de traición  a su raza, para luego ser esclavizados y asesinados todos. La frase "Maldición de Macarapana" hace alusión a la "Maldición de La Malinche", una canción de Amparo Ochoa y Gabino Palomares. Se conoce como La Malinche a una indígena mexicana que sirvió de intérprete a Cortés durante la conquista del Imperio Azteca, así la frase expresa que el amor a lo extranjero es la condenación de los pueblos de América.

     Mucho se habla de las maldiciones, que si son castigos o males producidos por una fuerza sobrenatural, muchos historiadores dicen que la destrucción de la torre de Babel fue una maldición del cielo, “en el texto de la maldición, el peticionario expresaba su deseo de que el enemigo sufriese daño de alguna forma específica. Con frecuencia se añadía la falta que había cometido la persona maldita: un robo, una infidelidad, no haber correspondido al amor del maledicente, haberle faltado al respeto, haberle robado el amor de su vida”, etc.     

      Los romanos, etruscos y griegos practicaban con frecuencia las maldiciones. Los griegos tenían en la edad heroica unos sacerdotes especiales llamados areteos,  o sea, 'maldecidores'.

      En Grecia y Roma seguían un protocolo muy formalizado.      Llamadas katadesmoi («ataduras») por los griegos y tabulae defixiones por los romanos, se escribían en tablillas de plomo u otros materiales. Generalmente, invocaban la ayuda de un espíritu (una deidad, un demonio o un muerto prematuro) para cumplir con su objetivo, y eran colocadas en algún lugar considerado eficaz para su activación, como en una tumba, cementerio, pozo o manantial sagrado.

 Fuente: www.creenciasigloxxi.com

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