La oración es reclamada por los espíritus que sufren

     La oración es reclamada por los espíritus que sufren; les es útil, porque viendo que piensan en ellos, se sienten menos abandonados y son menos infelices. Pero la oración tiene sobre ellos una acción más directa; les levanta el ánimo, les excita el deseo de elevarse por el arrepentimiento y la reparación, y puede desviarles del pensamiento del mal; en este sentido es como pueden aliviarse y aun abreviarse sus sufrimientos.

      Ciertas personas no admiten la oración por los muertos, porque en su creencia sólo hay para el alma dos alternativas:ser salvada o condenada a las penas eternas, y en uno y en otro caso la oración sería inútil. Sin discutir el valor de esta creencia, admitamos por un instante la realidad de las penas eternas e irremisibles, y que nuestras oraciones sean impotentes para ponerles un término. Nosotros preguntamos si, en esta hipótesis, es lógico, caritativo y cristiano desechar la oración por los condenados.

       Estas oraciones, por impotentes que sean para salvarles, ¿no son para ellos una señal de piedad que puede aliviar su sufrimiento? en la tierra, cuando un hombre está condenado para siempre, aun cuando no tenga ninguna esperanza de obtener gracia, ¿se prohibe a una persona caritativa que vaya a sostener sus cadenas para aligerarle el peso?

     Cuando alguno es atacado por un mal incurable, porque no ofrece ninguna esperanza de curación, ¿ha de abandonársele sin ningún consuelo? Pensad que entre los condenados puede encontrarse una persona querida, un amigo, tal vez un padre, una madre o un hijo, y porque, según vosotros, no podría esperar gracia, ¿rehusaríais darle un vaso de agua para calmar su sed, un bálsamo para curar sus heridas? ¿No haréis por él lo que haríais por un prisionero? ¿Rehusaríais darle un testimonio de amor, un consuelo? No; esto no sería cristiano. Una creencia que reseca el corazón no puede aliarse con la de un Dios que coloca en primer lugar entre los deberes el amor al prójimo.

     La no eternidad de las penas no implica la negación de una penalidad temporal, porque Dios, en su justicia, no puede confundir el bien con el mal; así, pues, negar en este caso la eficacia de la oración, sería negar la eficacia del consuelo, de la reanimación y de los buenos consejos; sería negar la fuerza que logramos de la asistencia moral de los que nos quieren bien.

Fuente: Colección de Oraciones Espiritas, Allan Kardec

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